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CRÍTICA
RUTA 66.
Menos experimental que Insecto (ver Ruta 135) pero igualmente heterodoxa,
la nueva banda del batería y ex My Criminal Psycholovers- javier
Gallego ahonda en lo que en aquellos servía sólo de
referencia espiritual, el jazz, entoces extraviado en una críptica
cirujía no wave. Asociados también en la dirección
de su propio sello, Pueblo Records, que se especializa en propuestas
de riesgo comercial y creativo, Gallego, el guitarrista Javier Adán
y el contrabajista Javier Díez-Ena han dado cuerpo en Dead
Capo a una banda de rock que bajo prisma swing organiza un compacto
y diversificado discurso. Para ello, el trío madrileño
se ve ayudado por ocho músicos invitados, entre ellos Markus
Breuss de Clónicos y Nacho Mastretta, de los cuales cinco tocan
instrumentos de metal y dos teclados, responsables indirectos de que
la vocación de moderna big band que propulsa a Dead Capo se
materialice en música instrumental rica y perspicaz, dotada
de ironía y equipada para cubrir un ambicioso espectro. Citados
por el propio grupo, nombres como, Mancini, Morricone, John Zorn,
Don Ellis, Duke Ellington o John Lurie pasan por el filtro de <<Díscolo>>,
rehogados en vibrantes arreglos y sólidas orquestaciones de
cool y be bop, prolijo escenario de imaginativos solos, camaleónico
en su cambiante transitar por pistas funk, parajes fronterizos e imaginario
celuloide cinematográfico. Ahora mismo, una propuesta única
en el firmamento nacional, probablemente la más articulada
y creativa instrobanda del país.
JAIME GONZALO |
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CRÍTICA
ROCK DE LUXE.
Hace ya unos seis años, Insecto aparecieron en escena como
un intento fugaz de acercar las formas flexibles del jazz al entonces
consumidor de indie rock o noise-pop. Diversos motivos no lo permitieron.
Un guitarra delirante, un batería obseso de los matices y un
saxo con libertad para moverse por todo el campo les colocaba bien
cerca de los primeros Lounge Lizards, los de John Lurie y Arto Lindslay.
Pero las buenas intenciones se quedaron en eso. Ahora, con la lección
aprendida, resucitan con algunos cambios en la formación. Pero
Dead Capo no es insecto. Cierto que volvemos a acordarnos del combo
de John Lurie, pero por razones más precisas y satisfactorias.
"Díscolo" es un disco que no oculta su devoción
por Ornette Coleman, John Zorn o Miles Davis, pero lejos de servirse
de ellos para justificar un score hermético y/o vacuo, los
madrileños se empeñan en colocarlo a pie de calle siguiendo
a otro de sus grandes maestros, Charles Mingus. Es jazz; son ganas
de romper moldes con vocación popular. Y así como buena
parte de los discos que se venden con el sufijo o prefijo "jazz"
no se ganan el interés de los "amantes del género"
porque están montados para ser consumidos sin esfuerzo por
un público pretendidamente inquieto que nunca compraría
un disco de Impulse! o de Atlantic, "Díscolo" podrá
satisfacer a neófitos y a aquellos que recuerden gratamente,
sin ir más lejos, el romance que vivió la nouvelle vague
con el jazz(la fantástica "Capuccino Commotion").
CÉSAR ESTABIEL |
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CRÍTICA
MONDO SONORO.
Cuando un grupo hace un disco retorcido, como fue el debut de Insecto,
y se queja porque la gente dice que es retorcido, pueden pasar dos
cosas: o vienen de Marte ellos, o el público. Ésta vez
más bien, se trata de una tercera opción: los marcianos
somos los periodistas. Y no es una autocrítica, sino que Dead
Capo son el nuevo proyecto de unos que antes se llamaban Insecto y
nos hicieron jugar con etiquetas peligrosas de las de echar a correr
y no parar. Ahora, sin embargo, han quemado sus discos de no wave
y dicen que son la orquesta (inexistente) de Henry mancini, para echar
mano de la vena pícara y festiva con la que reinventarse en
una explosión de influencias de los últimos cuarenta
años (desde John Zorn a nuestro Mastretta). eso sí,
Dead Capo son un trío (guitarra, contrabajo y batería),
que en "Díscolo" se dejan acompañar por vientos,
teclados y hasta un Dj. o lo que es lo mismo: se acepta una escuchas
complaciente y completa y otra más profunda que repare en los
detalles escondidos de tres geniecillos que se han marcado un disco
tan inclasificable como intenso.
Jorge Obón |
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